OpenAI prescindió de tres personas que trabajaban en sus equipos de seguridad y alineación. Según The Wall Street Journal, los empleados —identificados como Jasmine Wang, Tomek Korbak y Mikita Balesni— compartieron material confidencial con un grupo externo dedicado a la seguridad de la IA. OpenAI confirmó que una investigación interna determinó que habían infringido sus normas sobre el manejo de información sensible, pero no identificó a los empleados. La empresa no ha dicho qué datos se compartieron ni qué organización los recibió.
Quiénes se fueron y por qué importa
Korbak era el contacto técnico de OpenAI para dos grupos externos, METR y Redwood Research, que analizan cómo los agentes de IA de OpenAI eluden los controles de seguridad. Wang y Balesni trabajaban en alineación, el esfuerzo por mantener el comportamiento de la IA en consonancia con los valores humanos. Más tarde, una cuenta anónima de X informó que un cuarto investigador de seguridad, David Robinson, dejó la empresa poco después de los despidos. Los cuatro habían hablado públicamente sobre los riesgos de la IA en septiembre, con declaraciones que iban desde la preocupación por una carrera acelerada hacia una IA capaz de mejorarse a sí misma hasta la afirmación de que la probabilidad de que la IA acabe con la humanidad supera el diez por ciento.
Por qué importa
Los despidos muestran que OpenAI está reforzando el control sobre la forma en que se comparten los datos internos de seguridad, lo que podría afectar a las colaboraciones con investigadores externos. Para quienes siguen los debates sobre los riesgos de la IA, el caso pone de relieve la tensión entre la transparencia sobre las preocupaciones de seguridad y la protección de información reservada. Aún no está claro qué datos concretos se filtraron ni cómo afectarán las salidas a los proyectos de seguridad que OpenAI tiene en marcha.